jueves, marzo 18, 2010

De dónde salen las historias o para qué sirven

Me gustaría saberlo. Supongo que uno las busca, a veces vienen y otras las convocamos. Cuestión de oficio me dirán. Lo que pasa es que -investigando sobre Rafael Cadenas- el recuerdo de cuando leí Los cuadernos del destierro lo tengo allí jodiendo, incensante. Todavía estudiaba en la Simón y no me sentía bien, al menos creía eso. Era verdad, ahora que escribiéndolo me veo forzado a hacer flashback. Lo que pasa es que me perseguían unas ínfulas extrañas, una pretensión de desterrado en su propia casa y cuestiones como esas. Recuerdo que me empecé a leer el libro en una panadería y no lo entendí. Lo leí dos veces más y nada, creo. Ahora no puedo decir que lo vaya a entender, pero le voy a echar una repasadita. Menos mal que todavía recuerdo esa primera frase tan poderosa:


Yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor. Pero mi raza era de distinto linaje.

Este es uno de esos libros que te fascinan de una manera extraña, a pesar de que no puedas aprehenderlos. Porque entenderlos como se entiende una ecuación es lo menos importante. Me aventuro a decir que es más bien el significado profundo del libro el que dialoga con una parte inasible tuya -¡tan secreta!- que ni tú mismo sabes dónde está. Un chiste, vamos. Pero pareciera eso.

Cuando leí por primera vez Los cuadernos del destierro tenía una percepción diferente de la literatura: pensaba que era más grande que la vida, como dicen los gringos, como se llamaba un álbum de los Back Street Boys que cargaba una primita mía por allí hace diez años. Filosofía con mayúscula, pues. Tal vez esto todavía lo crea en el sentido de que la literatura es más trascendente que la vida, que una vida para ser precisos. Pero, a veces, esa jodida realidad trastabilla tanto que ni leyendo. Que tú mismo, al intentar contar una historia o hacer el ejercicio que sea te sientes impotente. Que te pones a leer y como que no te salva, como que no vale la pena. Por eso no es tan fácil poner todas nuestras esperanzas en un par de líneas. Esto quizás solo signifique que he hecho malas selecciones últimamente. Pero no he estado tranquilo.

Este semestre me toca leer bastante teatro.

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