En esta ciudad los perros decidieron hacer una rebelión apoyada por un grupo humano clandestino que no estaba seguro si era víctima de una alucinación colectiva. Aunque se trataban con suspicacia unos a los otros, siempre podían hacer grandes y apasionados discursos defendiendo a los canes. Los que comandaban el movimiento eran los perros callejeros, porque todavía tenían las convicciones claras en sus ojos. Los caseros, sobre todo los poodles, los toys, tenían la mirada lánguida y triste de los idiotas. Con ellos no se podía hacer la revolución.
-Haced guao como hao, dijo el perro lírico, el que escribía las canciones y daba los consejos.
-Guao, hacían los perros
-Hao, respondían los humanos. Saludamos a los perros de hermosas grebas.
Así pretendían comandar la rebelión silenciosa, la crisis que no estaba destinada a cambiar el sistema político pero sí a garantizarles, por lo menos, abogados defensores.
Y después me acordé de Orwell. Fuck.
American Hardcore
Hace 9 minutos



0 comentarios:
Publicar un comentario