sábado, julio 17, 2010

Alex Ross sobre los aplausos "clásicos"

Gustav Mahler imitó la estructura de Chaikovski en su novena sinfonía. Incluso fue un paso más allá al modular su tercer movimiento, el rondo-burleske, con un tono sarcástico. Si el público aplaude en ese punto lo hace con recelo, a sabiendas de que la tiniebla está cayendo sobre una escena de falsa festividad. Me impresiona un detalle en la historia de esta novena sinfonía, que me señaló el escritor Bernard Sherman. Es conocida la grabación en vivo que hizo Bruno Walter al frente de la Filarmónica de Viena en 1938, dos meses antes de la anexión de Austria a la Alemania nazi. El público aplaudió después de cada movimiento y el ingeniero de sonido tuvo que editar esas partes. A mí me hubiera gustado que los aplausos hubieran permanecido en el disco, para poder experimentar esa interpretación singular tal como se transpiró en la sala. Hubiera sido una preciosa evidencia, desde todo punto de vista, de un mundo a punto de ser destruido.

Vía elmalpensante

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