Nada más apremiante que la necesidad de un título. Uno puede comenzar a escribir de la nada así el aliento se te termine a las quince páginas o las cinco líneas. Pero un título produce un vacío rutilante. Nadie podría escribir "instrucciones para escribir un título" porque se pela, y no es tan difícil como llorar o hacer una película como Buffalo '66, que más bien es una especie de delirio sobre el Chimborazo con momentos arrechísimos de humor y sobriedad. Un buen álbum de fotos nunca tiene título, porque sería una pendejada. Nuestras fotos tienen leyendas, nuestros recuerdos no pegan sin el empuje una pulsión. Esa es la gran dependencia de los artefactos. Sólo que algunos tienen relaciones más espurias y altisonantes
Por eso me gusta ver fotos, aunque nunca he sabido tomarlas. Será una especie de envidia hacia la imagen. Hacia la posesión de la imagen, diría acostado en el diván. Con más preocupación ahora. Porque aquí sí me ha pegado duro lo de las pantallas. O lo de las poses. No sé, uno de pronto desarrolla manías raras. Pero mi abuela es increíblemente ceremoniosa con su caja de fotografías viejas. Y siempre la saca con una emoción que tiene un poco de condena, porque siempre se le terminan aguando los ojos y por eso cerramos la caja y hablamos del periódico, o de la ruleta de la fortuna que pasan en la televisión española. Y otra vez acostados en el sofá con los pies sobre la rallada mesa del centro capa de barniz sobre barniz.
Últimamente hemos tenido días espléndidos, de tardes para dormir la siesta o para conversar al borde de una ventana. Sin vértigo. Con cerveza. Como para que no la arruine una telenovela, o la pretensión de que ese ha sido nuestro principal relato desde hace treinta años. Aunque ahora sólo se produzca una sola a la vez, oronda, sin competencia. Aunque se haga este o aquel esfuerzo por poner temas importantes al aire. Es como si no nos diera verguenza que nos pusieran el título de proletariado. O de "proles", para que Orwell pegue un brinco.
En tardes como estas es que una foto o dos apenas se revelan cuando pasas la página y esperas un segundo por la fosforescencia del recuerdo. O cuando le das al "sign out" pedestre y otra vez la pantalla en blanco.
American Hardcore
Hace 7 horas



2 comentarios:
"Un título produce un vacío rutilante", qué gran verdad, Capo, en lo que uno tiene un título tal vez igual nunca tengas una historia, pero sí sabes qué terreno las otras historias no pisarán. Un gran abrazo
Gracias por pasarte por acá, amigo Luis. Me gusta mucho la idea de un título como frontera, a pesar de lo que diga Arjona (creo que tiene alguna canción sobre fronteras inexistentes y cosas como la hermandad...).
Abrazo de vuelta
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