lunes, diciembre 13, 2010

Con el peso de las nuevas leyes encima

Hoy hablo del Proyecto de Ley de Universidades del gobierno, de las modificaciones a la Ley Resorte, de la Ley de Comunas, de la nueva Habilitante por venir, en resumen, de la arremetida que presentíamos pero que desestimamos, como siempre. Escribo porque estoy triste e indignado, porque no sé hasta qué punto estamos dispuestos a entregar dócilmente esa parcelita que nos quedaba como nuestra.

A mí no me gustan las altisonancias, ni las épicas, ni los discursos, ni los políticos líricos, eso es un camino directo al totalitarismo, lo sabemos. Pero hay momentos que ameritan algo más que un twitt. Hoy es un día de esos. Este lunes me han dado en la cara con que debo renunciar a lo irrenunciable. No estoy dispuesto a ceder nada de lo que desde hace un par de días me han propuesto ceder. Porque si hay algo que yo creo es en estas manchas de tinta etérea que vamos dejando en cada monitor. Porque mi descontento no admite proxys. Ni autocensuras. Ni mierdas de otra gente.

Hoy recolectando firmas para exigir que se discuta una universidad alternativa al proyecto de un par de loquitos alucinados me pasó algo muy grave. Apenas lo viví, ese momento se reveló como algo sintomático del ambiente general que se vive en Venezuela. Un camarógrafo de Venevisión me pidió filmarme mientras firmaba el papel, lo que yo acepté sin chistar. Nunca se me ha pasado por la cabeza que algo así sea valiente o insólito. Lo sorprendente fue que unos minutos después se me acercó un señor visiblemente nervioso a preguntarme quiénes estaban filmando, que si yo sabía, que él los había visto grabando su carro. Me dijo: "tú sabes como son las cosas en este país" y balbuceó y se fue corriendo. ¿De qué tenía miedo este tipo? ¿De que lo identificaran, lo robaran, lo buscaran después?

Ese miedo yo no lo tengo, amigos, a pesar de todo. Y me estremece llegar a experimentarlo. A mí que me oigan y me rebatan, que me critiquen, me insulten. No me interesa. Pero yo no quiero vivir en un país en que escribir esto sea un acto de valentía. Eso nadie se lo merece. Porque dándole al teclado es que me gusta darle sentido a mi mundo, porque leyendo y riéndome de sus post, de sus twitts, de sus libros, es que he pasado esta última década. Y solo he vivido dos.

¿Cuán estrecha puede ser tu zona de confort, tu íntimo infierno? Hoy me pregunto cuán miserables podemos ser, si tenerle miedo a tu propia calle es vida, si desconfiar del vecino es normal, si no tienes problemas con que en tu ciudad 30 personas se mueran en un fin de semana, si es de pinga que le tengas que pedir permiso a un guevón en una oficina para comprarte un libro en Amazon. Si está bien que prender la radio de mi carro sea un acto de fe, una concesión que me da un teniente mediocre: "Suerte que encontraste esa canción, porque el resto del día a mí me da la gana que escuches joropo, por no escucharme a mí".

Toca preguntarme si 165 diputados son tan caraduras como para bajar la cabeza en coro. Hoy eso me arrecha más que cualquier día. Porque no me creo que hayamos perdido la dignidad de esa forma. Porque tengo derecho a decir que no, tengo derecho a preguntarme si eso está bien. Porque aquí con la cuestión de no mancharnos los zapatos vivimos demasiado cómodos, les damos a los estultos demasiadas concesiones. Siempre he tenido esa impresión, pero hoy sobrepasó la raya. Hoy sentí que se están metiendo con algo sagrado para mí. Es bien egoísta, lo sé, pero tengo la conciencia limpia y por eso hoy estoy cómodo escribiendo esto. Porque nunca lo he dejado de hacer. Pero hoy es diferente. Hoy me cansé de banalizar, de no pararle, de seguir adelante. Hoy lunes me cansé de creer en la candidez de la gente, en la belleza de la ignorancia, en el candor de una sonrisa con caries; me permití, por un momento que arriesgo a compartir aquí, disentir con el país paternalista, con el país marginal de Hummers y ranchos que se llevan las aguas. Porque la verdad es que no creemos en la educación, en la civilidad, en el respeto. A nadie, ni ayer ni hoy, le importa el otro. A ti te importa es tu XBOX, a ti tu arepa, está bien, a ti tus vacaciones, a ti tu hallaca, a usted sus cuatro lochas o sus millones de dólares. Vale. Deja de convencerme de lo contrario, por favor.

Otro día será el de los jardines posibles. Porque a los trabajadores y a los honestos los conozco y a veces cometo la imprudencia de juntarme y hasta creerme uno de ellos. Muchos, fíjate, se han ido. Y yo lo he pensado, más de lo normal. Y apuesto a que tú, que lees esto, también: que has revisado tus antepasados, que te has metido en las webs de las universidades en el exterior, que has hecho y deshecho planes, que has aplicado para visas, contado puntos y visitado a abogados, traductores. Todo eso me ha tocado vivirlo. Todo eso, hoy, me permito que me parezca absurdo. Que de la región solo Haití, devastada por un terremoto y las mil plagas bíblicas, y Venezuela no hayan crecido este año. Eso hoy, no me da la gana de que me lo justifiquen.

Entonces mañana será día de balsas o de luchas o de gritos o de resignaciones; o de fiesta y navidad. Lo que venga, en serio. Pero, mientras tanto, permítanme preguntarme estas cosas. Escribirlas, sobre todo. Déjenme que una o dos personas las lean. Esa tontería la pido hoy. El viernes podemos desconectarnos. Tomar whiskey si quieren. Pero hoy permítanme que me conduela. Después les diré que exageraba, y nos reiremos juntos.

7 comentarios:

Mahe dijo...

Muy buen post.
Comparto tu opinión.

Anónimo dijo...

Excelente Artículo Caballero... por jóvenes que Piensan como Usted... es que los que Somos menos Jóvenes Jamás nos Rendiremos... :-)... Dios me lo Bendiga... María L. Walo S.

Nereida Bargalló S. dijo...

Que bueno que seas un joven y hayas escrito este post. Quiere decir que no todo está perdido.

Nereida Bargalló S.

elCapo dijo...

Gracias Mahe por compartir lo que digo. Chévere que también en un futuro podamos disentir sin caernos a piedradas, como nos ha tocado ver en estos años. Un abrazo :)

María y Nereida, gracias a ustedes también por la lectura. Saludos

alma dijo...

Tendría que ser anónimo...cada palabra significa que tenemos esperanza, tenemos futuro, tenemos sensatez a montón, eres uno de miles, eres uno de millones que aquí seguimos y aquí estaremos, aferrados al porvenir, enfrentados a la canalla. No podrías ser diferente, DTB.

Anónimo dijo...

"Esa tontería la pido hoy. El viernes podemos desconectarnos. Tomar whiskey si quieren. Pero hoy permítanme que me conduela. Después les diré que exageraba, y nos reiremos juntos."

Esto no puede ser. Indignarnos hoy y seguir con nuestras vidas mañana? Que estamos haciendo? Esta es la actitud típica del venezolano, leer en el periódico que mueren 30 personas, exclamar un "¡Qué horror!" Embojotarlo y tirarlo al cesto de basura.


Debemos dejar de ser tan coyunturales y enojarnos realmente cuando la cosa esté a punto de explotar o nos toque a nosotros, de otro modo, nos estaremos asemejando a ese gobierno que tanto criticamos, que actúa precisamente en el hoy y el futuro se lo pasa por el forro, solo reacciona cuando arrollan damnificados, se caen los ranchos, o las protestas son incontenibles.

Por esta memoria a corto plazo es que exclamamos un ¡que horror! ¡debemos hacer algo! y la propuesta se queda en el aire, en el olvido.

Si el venezolano asumiera otra actitud creo que este gobierno estuviera en vías de extinción. Pero no, siempre estamos a la expectativa, esperando lo peor para indignarnos y seguir con nuestras vidas, esperando una elección, un 2012.

elCapo dijo...

Anónimo, creo que compartimos opinión, solo que no entendiste bien (o no leiste) el resto del artículo.